La pandemia de COVID-19 alteró significativamente el desarrollo de los bebés en sus primeros años. El confinamiento, el aislamiento social y los cambios en la rutina afectaron tanto a la salud emocional como física de los pequeños.
Uno de los efectos más notables fue el retraso en el desarrollo del lenguaje. La falta de interacción con otros niños y adultos limitó las oportunidades para que los bebés aprendieran nuevas palabras y sonidos.
Además, muchos padres experimentaron altos niveles de estrés y ansiedad, lo que pudo influir en la calidad de la atención y el vínculo afectivo con sus hijos. Esta situación afectó el bienestar emocional de los bebés, quienes podrían presentar dificultades para establecer relaciones en el futuro.
La falta de actividades al aire libre también influyó en el desarrollo motor de los pequeños. Los bebés tuvieron menos oportunidades para explorar su entorno y realizar ejercicios físicos que fortalecieran su cuerpo en sus primeros meses y años de vida.














