Capri, reconocida por su belleza y lujo, enfrenta desafíos sociales, económicos y ambientales que contrastan con su imagen turística idílica.

Capri ha sido durante décadas una de las postales más seductoras del turismo internacional. Sus acantilados, calles estrechas, villas lujosas y aguas turquesas la convirtieron en refugio de celebridades, artistas y políticos. Sin embargo, detrás de esa postal de glamour y sofisticación, la isla enfrenta profundas tensiones que revelan una compleja realidad social y ambiental.

La división entre Capri y Anacapri no es solo geográfica, sino también simbólica. Mientras el primer núcleo es un escenario efervescente de turismo de alta gama, boutiques y hoteles de lujo, Anacapri conserva un ritmo más lento, más vinculado con la cotidianeidad de sus residentes. Esta dualidad marca el pulso de la isla, entre lo que muestra al mundo y lo que guarda para sí misma.

Uno de los mayores desafíos es el impacto del turismo masivo. Durante la temporada alta, más de 10 mil personas por día desembarcan en la isla, generando una presión insostenible sobre los servicios, la infraestructura y los recursos naturales. Las calles colapsan, los precios se disparan y los residentes deben adaptarse a una vida dominada por el flujo constante de visitantes. La convivencia entre habitantes y turistas se vuelve cada vez más tensa.

La dependencia económica del turismo ha hecho que Capri sea especialmente vulnerable a las crisis globales. La pandemia de COVID-19, por ejemplo, paralizó la actividad durante meses y dejó al descubierto la fragilidad de un modelo económico que excluye alternativas sostenibles. Muchos trabajadores temporarios no lograron sostenerse y se reabrió el debate sobre diversificar la economía local.

Aun así, Capri conserva un magnetismo innegable. Su historia, su belleza natural y su patrimonio cultural siguen atrayendo a millones. La clave está en gestionar ese interés con una mirada responsable, que priorice la conservación del entorno y el bienestar de su comunidad. Solo así será posible que la isla del mito siga brillando más allá de las apariencias.

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