El caso de la escuela de Almagro, que recientemente fue clausurada, no es un hecho aislado, ya que en los últimos años se han registrado varios cierres similares en establecimientos educativos privados de la zona. Esta situación refleja una tendencia preocupante que afecta a la educación inicial privada en general.

Un día inesperado, los padres cuyos hijos asistían al instituto privado Álamos, que ofrecía educación en los niveles inicial, preescolar y primario en el barrio porteño de Almagro, recibieron por mensajes de WhatsApp la noticia del cierre definitivo del establecimiento. La sorpresa fue grande, ya que la escuela, inaugurada hacía seis años por un vecino cercano, había mostrado desde sus inicios problemas y, hacia el final, apenas contaba con una matrícula suficiente para sostener su funcionamiento.

La realidad económica y demográfica se manifestó claramente en esta situación. La educación privada suele implicar costos elevados para las familias, no solo por la matrícula sino también por gastos adicionales como uniformes, actividades extracurriculares y salidas escolares. A esto se suma la baja tasa de natalidad, que afecta particularmente a los jardines de infantes y que en los próximos años se espera que influya también en los niveles primarios y secundarios, provocando un descenso en la cantidad de alumnos. Esta combinación de factores ha llevado al cierre de numerosas instituciones similares en la región metropolitana.

En el caso específico del colegio Álamos, la crisis se agravó con el paso del tiempo. A comienzos de este año, la matrícula ya se había reducido notablemente y los docentes enfrentaban dificultades para cubrir sus horarios, llegando a sufrir amedrentamientos por faltar por enfermedad. El Ministerio de Educación porteño reconoció la situación y aclaró que se trataba de un establecimiento privado sin subvención estatal, por lo que acompañó el proceso de cierre y la reubicación de los estudiantes. Sin embargo, muchos atribuyen la situación a problemas de financiamiento que comenzaron desde la obra del colegio, donde el aumento excesivo de las cuotas llevó a que las aulas quedaran vacías.

Esta situación no es aislada, ya que durante los últimos años otras escuelas privadas también han cerrado en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, afectando a miles de estudiantes y generando preocupación en la comunidad educativa. La reducción de la matrícula ha sido sostenida y se proyecta que continuará, lo que implica un desafío importante para el sistema privado de enseñanza. Cada cierre representa la pérdida de un proyecto educativo y el fin de un equipo comprometido con la educación, algo que resalta la importancia social de estas instituciones.

Finalmente, el caso del colegio Álamos refleja una problemática estructural que combina factores económicos, demográficos y administrativos. La escuela llegó a funcionar con pocos grados y alumnado, con clases unificadas en el jardín y fusiones de cursos primarios. Los errores en la entrega de boletines y la falta de docentes en las últimas semanas fueron el síntoma visible de una crisis que terminó con su cierre abrupto, dejando a padres y alumnos en busca de nuevas opciones educativas.

novedades