Durante los meses fríos, es común sentir más hambre por la mañana y recurrir a comidas pesadas o altamente calóricas. Sin embargo, los nutricionistas coinciden en que un desayuno equilibrado puede aportar energía sin comprometer la salud ni favorecer el aumento de peso. La clave está en combinar proteínas, fibras y grasas saludables para mantener la saciedad y el buen ánimo durante toda la mañana.
Una opción recomendable incluye una infusión caliente (como té o café), una porción de pan integral o avena, algo de proteína como huevo o yogur natural, y una fruta de estación. Estos componentes ayudan a estabilizar los niveles de glucosa y evitan los clásicos «bajones» de media mañana, sin necesidad de recurrir a alimentos ultraprocesados o azucarados.
Además del contenido, el momento del desayuno también influye en el metabolismo. Se sugiere hacerlo dentro de la primera hora después de despertar, ya que esto ayuda a poner en marcha los sistemas digestivos y hormonales del cuerpo. Saltarse esta comida puede provocar mayor ansiedad y descontrol en el resto del día.
Por último, los especialistas destacan la importancia de la hidratación. Aunque no se perciba tanta sed en invierno, arrancar el día con un vaso de agua tibia o una infusión sin azúcar favorece la digestión, combate la retención de líquidos y ayuda a mantener la piel hidratada en épocas de bajas temperaturas.














