A veces sentimos que “algo va a pasar” sin tener ninguna razón lógica para pensarlo. Nos invade una sensación extraña, difícil de explicar, que puede ser positiva o negativa. ¿Es intuición, ansiedad o algo más profundo?
Los presentimientos suelen relacionarse con la percepción inconsciente: el cerebro capta señales sutiles del entorno que no registramos de forma consciente, pero igual nos afectan. Por ejemplo, un cambio en el tono de voz de alguien, una mirada, una pausa.
También puede intervenir la experiencia acumulada. El cerebro compara situaciones actuales con recuerdos pasados, y si nota una coincidencia, lanza una alerta emocional. No es magia: es memoria asociativa rápida.
Algunos estudios muestran que, segundos antes de que ocurra un estímulo emocional (como una imagen perturbadora), el cuerpo muestra señales físicas: cambios en la frecuencia cardíaca, sudoración o dilatación de las pupilas.
Esto ha llevado a investigadores a preguntarse si tenemos una especie de “sexto sentido biológico” aún poco entendido. Sin embargo, no hay pruebas concluyentes, y muchos expertos lo atribuyen a patrones subconscientes.
Más allá de las explicaciones, lo cierto es que muchas veces nuestros cuerpos parecen saber cosas antes que nuestras mentes. Escuchar esa sensación interna, sin dejarse llevar por el miedo, puede ser una herramienta valiosa de autoconexión.













