Expertos alertan que dormir con el celular en la habitación puede afectar gravemente la calidad del sueño, generar fatiga, ansiedad e interferir en la recuperación mental. Está demostrado que la luz azul, las radiaciones y la estimulación permanente configuran un combo que sabotea el descanso.

En un mundo hiperconectado, el celular se convirtió en algo así como una extensión del cuerpo. Pasamos horas scrolleando, viendo stories o videos, y ese hábito —invisible durante el día— puede volverse muy perjudicial cuando se traslada a la noche. Dormir con el teléfono cerca no solo resta tiempo de descanso, sino que también impacta negativamente en la concentración, el ánimo y nuestras conexiones humanas.

Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan aseguran que el celular antes de dormir perjudica tanto la duración como la calidad del sueño. La consecuencia es una fatiga acumulativa y un notable descenso en el rendimiento al día siguiente. “Los celulares inteligentes están casi perfectamente diseñados para interrumpir el sueño”, explica Russell Johnson, uno de los autores del estudio: mantienen la mente en alerta, impiden desconectarse del trabajo y entorpecen la relajación.

Además, los celulares emiten radiación electromagnética (no ionizante) que, si bien aún no tiene consenso científico en cuanto a riesgos a largo plazo, ya muestra indicios de alterar el ciclo del sueño y afectar funciones cognitivas como la memoria y la concentración. Y eso sin considerar la conocida luz azul, capaz de atravesar los párpados y activar el cerebro justo cuando debería prepararse para descansar.

Dormir con el celular cerca también mantiene al cerebro en un estado de “alerta inconsciente”, como si el usuario estuviera a la espera de un mensaje o una llamada. Esto, combinado con la ansiedad por las notificaciones, genera una estimulación continua que impide relajar la mente a la hora más crítica.

Estudios complementarios advierten que más del 93 % de los jóvenes revisan el celular antes de acostarse, y esa costumbre se vincula directamente con trastornos del sueño. La conclusión es clara: la cercanía del celular al dormir actúa como un sabotaje lento pero persistente contra el descanso reparador y la recuperación mental.

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