Vivimos rodeados de ruido: autos, notificaciones, pantallas, charlas, música de fondo… El silencio se ha vuelto casi un lujo. Pero cada vez más estudios muestran que estar en silencio tiene efectos profundos en el cuerpo y la mente.

Cuando estamos en silencio total (o casi), el cerebro entra en un estado de reposo activo, similar al que ocurre durante la meditación. Se reducen los niveles de cortisol (la hormona del estrés), mejora la claridad mental y se activan zonas relacionadas con la creatividad.

Incluso se ha comprobado que pasar apenas dos minutos en silencio puede ser más reparador para el sistema nervioso que escuchar música relajante. El silencio es una especie de “reset” biológico.

En lugares como hospitales o retiros de meditación, el silencio es usado como parte de terapias. Ayuda a procesar emociones, calmar la mente y, en muchos casos, tomar decisiones importantes desde un lugar más claro.

También fomenta la escucha interior, algo difícil de lograr en medio del ruido constante. En el silencio, aparecen pensamientos, recuerdos o ideas que estaban ahogados por el bullicio del día a día.

No hace falta irse a una montaña. Unos minutos por día sin distracciones —sin música, sin celular, sin hablar— pueden tener un efecto poderoso en el bienestar. A veces, lo más sanador es no hacer nada y simplemente escuchar… el silencio.

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