Construido en 1910 como homenaje de las hermanas Unzué a su padre, funcionó como asilo y se convirtió en un ícono de “La Feliz”. Hoy, en ruinas frente al mar, enfrenta el desafío de sobrevivir entre leyendas y proyectos de reconversión.
Mar del Plata, la ciudad fundada en 1874 por Patricio Peralta Ramos y convertida en destino turístico de la mano de Pedro Luro, guarda entre sus calles y su costa un edificio que resume buena parte de su historia social y arquitectónica: el Asilo Unzué.
Levantado en 1910 por iniciativa de Concepción Unzué de Casares y María de los Remedios Unzué de Alvear, el edificio fue concebido como un homenaje a su padre, Saturnino Unzué, y donado al Estado al año siguiente. Con forma de H, dos pisos y una imponente cúpula piramidal de 10 metros de diámetro, el lugar fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997.
Durante décadas funcionó como espacio de beneficencia, pero con el tiempo su destino quedó atado a rumores de túneles ocultos, historias paranormales y relatos de quienes aseguran haber presenciado fenómenos extraños en sus pasillos. Esa combinación de esplendor y misterio lo convirtió en uno de los íconos más singulares de la ciudad.
Hoy, el Unzué se encuentra en ruinas y su futuro genera debate: desde iniciativas que buscan preservarlo como patrimonio cultural hasta proyectos más polémicos que imaginan reconvertirlo en un centro comercial. En cualquier caso, el edificio se mantiene como testigo de una Mar del Plata aristocrática que ya casi no existe, pero que aún palpita en sus muros frente al mar.














