Lejos de una renovación, la lista del peronismo rionegrino está integrada por dirigentes atados a Cristina Kirchner, La Cámpora y Grabois, priorizando intereses de Buenos Aires sobre las necesidades de la provincia.

 En las próximas elecciones de octubre, el peronismo de Río Negro vuelve a apostar a un esquema conocido y rechazado por gran parte de la sociedad. Martín Soria, hoy candidato a senador nacional, aparece como la figura central de una lista que no representa la renovación, sino la continuidad de un modelo que responde a los viejos jefes nacionales.

Junto a él, se ubican Ana Marks, referente de La Cámpora en la provincia, y Adriana Serquis, alineada con Juan Grabois. Tres nombres que confirman que detrás de este armado no hay un proyecto rionegrino, sino la obediencia a un esquema político que pone en primer lugar los intereses de Cristina Kirchner y del kirchnerismo porteño.

El problema no es solo de nombres: se trata de una forma de hacer política que históricamente relegó a Río Negro. Mientras otras provincias lograron avanzar con obras, inversiones y mayor autonomía, los representantes de este espacio se limitaron a acompañar las decisiones tomadas en Buenos Aires, sin levantar la voz para defender a los vecinos.

Los rionegrinos ya conocen las consecuencias de estas alianzas. Más dependencia, menos federalismo y la certeza de que los problemas locales nunca estarán en la agenda de quienes responden a líderes nacionales. Esta elección, entonces, no se trata solo de elegir representantes, sino de decidir si la provincia quiere volver a subirse al tren fantasma del kirchnerismo o apostar por un camino propio.

novedades