En todo el mundo, las tasas de natalidad están en caída. Muchas personas, especialmente jóvenes, están eligiendo no tener hijos. ¿Qué hay detrás de esta tendencia creciente?

Las razones son múltiples. Desde la crisis económica y la inestabilidad laboral hasta el deseo de priorizar la realización personal, muchos encuentran que la paternidad no encaja con sus proyectos de vida. El acceso a métodos anticonceptivos y la evolución del rol de la mujer también influyen.

Además, el cambio climático y el miedo a un futuro incierto generan dudas éticas sobre traer más personas al mundo. El activismo climático incluso ha dado lugar al movimiento antinatalista.

Las redes sociales también juegan un papel. La exposición constante a las exigencias de la maternidad/paternidad idealizada puede generar rechazo o ansiedad entre quienes no se sienten preparados para ese nivel de responsabilidad.

Por otro lado, la sociedad aún ejerce presión sobre quienes eligen no tener hijos. Frases como “ya se te va a pasar” o “te vas a arrepentir” siguen siendo comunes, aunque cada vez más cuestionadas.

Vivir sin hijos ya no es un tabú. Es una opción legítima que refleja una sociedad más diversa y consciente de sus decisiones. Y como toda decisión, merece respeto y comprensión.

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