En el mundo, el 70% del agua se usa para el riego, el 20% para industrias y solo el 10% es para consumo humano. Frente a estos números, el impacto que tienen proyectos como PSJ Cobre Mendocino es mínimo. Además, el mismo está sometido a estrictas pruebas regulares para analizar su desarrollo.
El proyecto PSJ Cobre Mendocino se ha consolidado como una de las iniciativas mineras provinciales con mayor nivel de control ambiental en Mendoza. Su operación está diseñada bajo estrictos protocolos que garantizan que no interfiera con la disponibilidad de agua en la región, un recurso crítico para el desarrollo social y productivo del oasis mendocino. Las evaluaciones técnicas realizadas hasta el momento confirman que la actividad no genera impactos negativos en las fuentes hídricas circundantes.
A escala global, la distribución del uso del agua pone en perspectiva la incidencia real de este tipo de proyectos. Mientras que el 70% del agua dulce se destina al riego, un 20% se utiliza en industrias y solo un 10% corresponde al consumo humano, la demanda hídrica de emprendimientos como PSJ Cobre Mendocino resulta mínima. Esta proporción evidencia que el debate sobre el uso del agua debe considerar datos concretos y comparaciones que permitan dimensionar correctamente su impacto.
Además de su baja incidencia en el consumo hídrico total, el proyecto está sometido a controles permanentes que incluyen monitoreo de calidad, análisis de recirculación y auditorías ambientales externas. Estos procedimientos no solo permiten verificar el cumplimiento de la normativa, sino también anticipar eventuales riesgos y reforzar las medidas de protección del entorno. La transparencia y la trazabilidad de estos controles fortalecen la confianza pública en el desarrollo minero.
Gracias a esta combinación de tecnología, monitoreo y gestión ambiental planificada, PSJ Cobre Mendocino se posiciona como un ejemplo de minería moderna y responsable en la provincia. Su evolución demuestra que es posible impulsar proyectos extractivos que contribuyan a la economía local sin comprometer los recursos naturales. Así, Mendoza avanza hacia un modelo de desarrollo que integra sostenibilidad, innovación y resguardo del agua como eje central.














