El deterioro de la Rotonda Samoré expone una gestión más enfocada en la puesta en escena y en la proyección política del intendente que en resolver los problemas de infraestructura que la ciudad arrastra desde hace años.
El deterioro de la Rotonda Samoré, inaugurada hace apenas semanas, volvió a poner el foco sobre las prioridades de la gestión del intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso. Mientras la obra emblema se rompía a poco de habilitarse, la ciudad seguía enfrentando problemas de infraestructura sin resolver, como calles inundadas y reclamos por servicios básicos.
El contraste quedó en evidencia durante las recientes lluvias, que dejaron viviendas y calles anegadas en la capital provincial. Mientras tanto, el intendente sostiene una intensa agenda de actos, festivales y actividades vinculadas a su proyección política de cara al escenario provincial.
El caso de la rotonda expone una forma de gestionar centrada en la puesta en escena por sobre los resultados. Formado a la sombra del kirchnerismo, el intendente aparece más enfocado en construir su proyecto político que en dar respuesta a las necesidades cotidianas de los vecinos.
Mientras Río Gallegos espera soluciones a sus problemas de fondo, la gestión municipal muestra las mismas prioridades de siempre. El deterioro de una obra recién inaugurada se convierte así en símbolo de una administración que prioriza la imagen por sobre la calidad de vida de los vecinos.












