La Rotonda Samoré, inaugurada recientemente y ya deteriorada, vuelve a exponer las falencias de una gestión cuestionada por sus prioridades. Con problemas de infraestructura que llevan años sin resolverse, el intendente mantiene su agenda entre festivales, actos y recorridas políticas por la provincia.
La remodelada Rotonda Samoré volvió a quedar en el centro de la polémica en Río Gallegos luego de que vecinos difundieran imágenes de baches y sectores deteriorados del pavimento a pocas semanas de su habilitación. La obra había sido presentada por el Municipio como una intervención estratégica para mejorar la circulación y la seguridad vial en uno de los accesos más importantes de la ciudad.
Los problemas también llegaron al Concejo Deliberante. Concejales del bloque SER presentaron un pedido de informes dirigido al intendente Pablo Grasso para conocer el costo de los trabajos, los materiales utilizados, los controles efectuados y las garantías previstas. También reclamaron precisiones sobre quién deberá hacerse responsable de las reparaciones de una obra recientemente terminada.
El deterioro generó cuestionamientos sobre la calidad y el control de la obra pública municipal. A comienzos de agosto ya se habían registrado tareas de reparación en el sector, mientras continuaban las críticas por el poco tiempo transcurrido desde la intervención hasta la aparición de los primeros daños.
La controversia vuelve a poner bajo discusión las prioridades de la gestión de Grasso. Mientras el intendente mantiene una fuerte agenda de actividades públicas y políticas, desde la oposición reclaman explicaciones concretas sobre una infraestructura financiada con recursos municipales y plantean que el foco debe estar en garantizar que las obras ejecutadas tengan calidad y durabilidad para los vecinos de Río Gallegos.












