La obra, presentada como una de las más importantes de la gestión del intendente de Río Gallegos, comenzó a mostrar pozos, grietas y desniveles apenas semanas después de su reinauguración, mientras la ciudad enfrenta reclamos de infraestructura sin resolver.
La Rotonda Samoré, una de las obras que el intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, presentó como emblema de su gestión, comenzó a deteriorarse a apenas un mes de su reinauguración. Los vecinos detectaron pozos, ondulaciones, grietas, bordes descalzados y desniveles sobre la cinta asfáltica de una obra recién habilitada en pleno corazón de la ciudad.
Ante la ola de críticas en redes sociales y medios locales, desde la Secretaría de Construcción y Ordenamiento Territorial del municipio calificaron los desperfectos como «detalles de la obra» y «errores que debemos corregir, como en toda obra», y aseguraron que se iniciarían los trabajos de reparación. Poco después, personal municipal fue registrado tapando los pozos del asfalto nuevo con paladas de tierra.
El rápido deterioro de una obra millonaria y recién inaugurada volvió a poner en discusión la calidad de la obra pública que ejecuta la gestión municipal. Hasta el momento, el municipio no informó cuánto costó la remodelación de la rotonda a los vecinos de Río Gallegos.
Mientras los vecinos esperan soluciones a los problemas reales de la ciudad, la obra vuelve a exponer una forma de gestionar más preocupada por la puesta en escena que por los resultados. En una ciudad con reclamos de infraestructura que llevan años sin resolverse, el caso de la Rotonda Samoré reaviva los cuestionamientos a las prioridades de la gestión de Grasso.













