El deterioro de la Rotonda Samoré revive el antecedente de la obra del acceso al barrio San Benito, que en 2018 se autodestruyó pocos días después de ser inaugurada, en un patrón que se repite en la gestión del intendente de Río Gallegos.
El deterioro de la Rotonda Samoré, que se rompió a un mes de su reinauguración, revivió el antecedente de otra obra similar que Grasso inauguró años atrás. En 2018, cuando se desempeñaba como presidente del IDUV, el hoy intendente construyó e inauguró la rotonda del acceso al barrio San Benito, sobre calle 13, que quedó destruida apenas seis días después del corte de cintas.
Por aquella obra, el IDUV pagó más de 5,6 millones de pesos a una empresa privada. Tras el fracaso, se avanzó con la rescisión del contrato, aunque la reconstrucción de la rotonda tampoco dio buenos resultados: por deficiencias en el trazado, una de las calles de salida terminó ingresando a un terreno privado cercano.
La repetición de estos episodios instaló el cuestionamiento sobre la calidad y la planificación de las obras que ejecuta la gestión de Grasso. En ambos casos, obras presentadas con fanfarria terminaron deteriorándose en cuestión de días o semanas.
El patrón vuelve a exponer una forma de gestionar la obra pública centrada en la inauguración y no en los resultados. Mientras Río Gallegos acumula reclamos de infraestructura, las obras emblema del intendente se convierten en símbolos del deterioro y la falta de planificación.












