Los representantes cubanos abandonaron el recinto en Nueva York luego de que el mandatario estadounidense calificara a la isla como un Estado fallido.
La comitiva cubana se retiró de la sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas durante el 81º período de sesiones, en respuesta a los cuestionamientos formulados por el presidente Donald Trump. La salida de los diplomáticos se produjo cuando el jefe de Estado norteamericano definió a Cuba como un «Estado fallido», pronosticó la caída de su régimen político y reafirmó la aplicación de medidas de máxima presión económica sobre el país caribeño.
Tras el episodio en Nueva York, el canciller Bruno Rodríguez encabezó la respuesta institucional a través de las redes sociales, rechazando las imputaciones vertidas en el foro internacional. El ministro de Relaciones Exteriores aseveró que la isla no constituye una amenaza de seguridad para Washington y exigió el respeto a la soberanía nacional, al tiempo que denunció el impacto social de las sanciones financieras y la restricción de suministros energéticos impuestas por la Casa Blanca.
Por su parte, el presidente Miguel Díaz-Canel repudió las expresiones de Trump, calificando las políticas de coerción económica como un castigo injustificado contra la población. El mandatario cubano ratificó la decisión de sostener la autodeterminación del país ante el endurecimiento de las medidas coercitivas implementadas por la administración estadounidense desde principios de 2025.












